Comentarios sobre la pandemia

La historia de la humanidad está jalonada por presencia de muchas pandemias, algunas se han ellos famosas: la peste negra, el cólera, la fiebre amarilla, ebola, ahora el coronovirus.  Las mismas siempre aparejaron mortandad con las naturales  consecuencias demográficas(en la cantidad y composición de la población) incidiendo sobre la cultura, la economía, las relaciones y los vínculos sociales; , a veces después de las mismas las economías se vigorizaron.

En la opinión de muchos, la que sufrimos actualmente, tendría características algo diferente, porque se atornilla a una crisis económica del sistema (capitalismo),  sus coletazos tienen que ver con la destrucción del empleo y una profundización de la pobreza, junto a un agravamiento del hambre en la escala mundial. También modifica y altera las resortes claves de la vida, ya que se intensifica el peligro y los temores frente a la muerte, pero tal vez  ponga en juego las inseguridades sobre el futuro que nuestras vidas, con el miedo que  se transformen en un sentido negativo

Una mirada en al mundo y a nuestro país, permite decir que no todos tienen las mismas de “enfrentar” la pandemia; los más débiles, los más viejos, los pobres, los excluidos, sufren en forma más intensa los efectos de la pandemia. Sobran los ejemplos y las estadistas para demostrarlo.  Sobre el asunto  mucho valen nuestras  propias percepciones y vivencias, todo esto lo vemos, lo palpamos,  en la familia, el barrio, el trabajo, en la calle.

También no  es menos  cierto que los países que tienen servicios sanitarios más desarrollados en clave publica y  con una medicina no totalmente consumida por la lógica del mercado, hacen parte de quienes tienen un poco mas de margen para presentar batalla al vendaval sanitario, económico, y social que nos trajo el Coronavirus.

En Uruguay venimos  por el momento zafando, se adoptaron  a tiempo medidas a sanitarias las que, fueron voluntariamente seguidas, contamos con mecanismos históricos de protección social y un sistema sanitario que se había reforzado y mejorado en los últimos años; pero el que aparece como flaco es el apoyo a los que la padecen, especialmente en el plano material, ha sido muy escaso. El seguro de desempleo creció,  se prolongara su duración en ciertos casos, se perdieron muchos empleos y otros están amenazados, la transferencia para la alimentación, el apoyo a los mono tributistas fueron un saludo a la bandera. Una vez más irrumpió  desde abajo la solidaridad, así lo pone en evidencia las ollas populares  que una vez más han ido un instrumento clave para palear el hambre. Lamentablemente  este sería el comienzo  de una crisis, admitiendo que los efectos más duros y severos todavía no los hemos visto.

Si algo está claro que para campear este temporal se necesita más intervención estatal,  además se debería procurar que las consecuencias de la crisis no recayera en los hombros de los trabajadores y de los que tienen menos, sino que fueran  al revés, que pagaran los que más tienen.

 Para nosotros es fundamental pelear porque el cooperativismo sea reforzado por   dos vías: desde sus entrañas mismas y con el apoyo económico público. Porque el cooperativismo es un gran espacio social, económico y cultural, donde se construye la solidaridad, donde se forja la ayuda mutual, se generan empleo genuino, donde la actividad económica está sujeta a valores, distintos, diferentes al individualismo, es decir donde prima lo colectivo.

El miedo sirve al sometimiento, el Covid-19 lo ha fermentado, para contrarrestarlo se quiere pensar y actuar en clave colectiva, siendo el cooperativismo un formidable instrumento para hacerlo gracias a sus señas de identidad, su historial y su práctica.

Julio 2020